Soy Marisol, tengo 42 años y soy de Pigüé, la localidad cabecera del distrito de Saavedra, al sur de la provincia de Buenos Aires.

Soy docente y desde muy joven me involucré en política, motivada por causas sociales, como la educación, la salud y el desarrollo de las instituciones de la sociedad civil.

Entre 2013 y 2021 fui diputada provincial, y durante dos años me desempeñé como vicepresidenta de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.

Como legisladora trabajé en proyectos vinculados al fortalecimiento de organizaciones de la sociedad civil, a la ampliación de derechos y al desarrollo local, con una fuerte vocación por la inclusión social y desde un abordaje eminentemente territorial. Estar cerca de cada necesidad es fundamental para encontrar soluciones reales y concretas.

En agosto del 2021, el presidente Alberto Fernández me designó como Presidenta del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, responsabilidad que ejerzo, con orgullo y mucho trabajo, en la actualidad. Desde el Consejo estamos impulsando una agenda de articulación interministerial de políticas públicas en todo el territorio nacional, con una mirada federal, inclusiva y de desarrollo.

Mi primera experiencia en la gestión pública fue en la Subsecretaría de Prevención de las Adicciones, perteneciente al Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Luego, en el año 2013, tuve la oportunidad de desempañarme como Secretaria de Cultura, Educación, Deporte, Turismo y Juventud del Municipio de Saavedra.

Desde joven abracé las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Mis primeros años de militancia fueron dentro de la Juventud Peronista, primero en mi distrito, Saavedra, y luego en la provincia de Buenos Aires. Mi recorrido militante dentro del Peronismo me encuentra hoy como vicepresidenta del Partido Justicialista de Pigüé y Consejera Seccional del PJ bonaerense.

Siempre digo que lo más importante en la vida es dejar una huella con lo mejor de nosotros en cada cosa que nos propongamos hacer. Por eso, confío en la humildad, en el amor, en la honestidad y en la fuerza del trabajo, como los valores centrales que debemos fomentar en nuestra sociedad y en la política, como herramienta de transformación, para mejorar la calidad de vida de todos y todas.

Estoy convencida que la militancia, en todos los ámbitos, sea en la política partidaria, como en las organizaciones sindicales y sociales, en las universidades y en las instituciones religiosas, es fundamental para mejorar la vida de quienes más nos necesitan. Y sé que, en ese camino de trabajo y esfuerzo colectivo, el desafío más importante que tenemos, es encontrar los consensos necesarios para vivir en una Argentina justa, libre, soberana y profundamente democrática.